Henchido de silencio el asfalto brilla,
Majestuosa sábana en la que caen los destellos,
De amplias fachadas marchitas en el sol de febrero.
Qué tristes los maniquíes en su encierro,
De vitrinas arrumbadas a ningún recuerdo,
Lánguidos sus cuerpos, sus miradas,
Viéndome pasar, en sus ridículos colores.
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