En el que Orijazz, o sea yo, anuncio la muerte de mi pluma en este blog, descanse en paz. Los blogs deben morir, y reencarnar ("en brócoli, que es mejor", decía un anuncio en Radio Educación...). Más de 100 entradas desde... sí, desde entonces (mantengamos el tono críptico). Gracias a Marco y al anónimo colaborador por sus hermosas entradas. Y a los que han estado pendientes y han dejado sus comentarios. Hasta...
domingo, 20 de mayo de 2007
Notas de violín
-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.
-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.
-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.
("Diles que no me maten", Juan Rulfo)
-¡Le estoy ordenando que toque, viejo!
-Se acabó la música...
("El violín", Francisco Vargas, 2006)
El violín.
Sobre la milpa el maíz, debajo, en la tierra, el parque, y el violín.
Maíz/raíz que alimenta el violín y la bala en la tierra que alimentan el maíz.
Los que nada tienen tienen apenas nada: ni su cuerpo, ni su sexo, ni su tierra, ni su luna, ni su fuego, ni el campo de batalla.
Los que nada tienen aspirarán a música, durando ahora duramente en la nada.
Y luego se acabará la música.
-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.
-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.
("Diles que no me maten", Juan Rulfo)
-¡Le estoy ordenando que toque, viejo!
-Se acabó la música...
("El violín", Francisco Vargas, 2006)
El violín.
Sobre la milpa el maíz, debajo, en la tierra, el parque, y el violín.
Maíz/raíz que alimenta el violín y la bala en la tierra que alimentan el maíz.
Los que nada tienen tienen apenas nada: ni su cuerpo, ni su sexo, ni su tierra, ni su luna, ni su fuego, ni el campo de batalla.
Los que nada tienen aspirarán a música, durando ahora duramente en la nada.
Y luego se acabará la música.
jueves, 17 de mayo de 2007
Siempre habrá
Y va toujours y avoir. Richard Desjardins. 1998 "Boom boom"
No conozco el nombre de las estrellas en el cielo,
Ni el de los ríos, ni el de las aves.
Me avergüenza: a menudo no conozco el camino
que tendría que tomar para estar contento.
No conozco el color de un billete de veinte.
Ni siquiera conozco el nombre de mi vecino.
No conozco nada.
Pero siempre va a haber
nieve en el mes de enero.
Siempre habrá un fuego en el bosque
En el tiempo de las moras.
Siempre habrá viento en el San Lorenzo.
No puedes cambiar eso.
No me cantes.
¿Pero tiene que haber siempre
agua en mi vino,
va a haber siempre
alguna cosa menos
cuando todo lo que tienes es un trozo de pan?
Cuando el viento sopla, yo se
de dónde viene.
Hay unos que tienen todo y todos los otros nada.
Cámbiame eso.
No conozco el nombre de las estrellas en el cielo,
Ni el de los ríos, ni el de las aves.
Me avergüenza: a menudo no conozco el camino
que tendría que tomar para estar contento.
No conozco el color de un billete de veinte.
Ni siquiera conozco el nombre de mi vecino.
No conozco nada.
Pero siempre va a haber
nieve en el mes de enero.
Siempre habrá un fuego en el bosque
En el tiempo de las moras.
Siempre habrá viento en el San Lorenzo.
No puedes cambiar eso.
No me cantes.
¿Pero tiene que haber siempre
agua en mi vino,
va a haber siempre
alguna cosa menos
cuando todo lo que tienes es un trozo de pan?
Cuando el viento sopla, yo se
de dónde viene.
Hay unos que tienen todo y todos los otros nada.
Cámbiame eso.
Olvido
Recuerdo muy poco, olvido tanto. Dejé a Vivaldi —el de la mandolina— en una película, y de prontó sonó y lo recordé, y cuando suene algo que no recordaba lo olvidaré. No recuerdo el balance químico, y sin embargo lo llegué a hacer, ni el cálculo, tal vez ni cómo dividir sobre un papel. He escrito palabras cuyo significado intuía, cuyo significado busqué en un diccionario, y que olvidé, como oprobio, como candor, como ladino. Hidrógeno, helio, litio, berilio, boro, carbono, nitrógeno, oxígeno, fluor, neón, pero, ¿qué era el peso atómico? Utilicé la Mole mil veces, ya no lo recuerdo. He buscado las mismas cosas varias veces, y las he encontrado, y las he olvidado, el mismo número de veces. Olvido todos los finales, el de Madame Bovary, el de Dr. Jekyll y Mr. Hide, los de las películas. Olvido que he escrito sobre algo ya otra vez. Dudaba si ya había titulado otra entrada con Olvido. Debería repetir mi nombre todas las mañanas por si acaso. Ya he tenido que calcular mi edad muchas veces. He llamado a números —por supuesto que no de memoria— y olvidado a quién llamaba. He dicho: "este comienzo no lo olvidas, no lo olvidas" y lo he olvidado. Pero un día intenté la mnemotecnia, y ¡lo logré!: recuerdo perfectamente DJ, LAGOS y HELIOS pero olvidé a qué se referían.
Political Blues
Nueva Orleans, Louisiana, ancha arteria, profunda arteria de América. Nouvelle Orléans, puerta, puerto, Mississipi. Así que el New no es tan nuevo, Orleans, y qué importa si por eso tal vez engendraste el apátrida jazz. Nwuevelle Orleans, heridas venas de pobreza y violencia. Siempre. Morboso circo de contradicciones. ¿Y quién recuerda ahora Katrina más allá de tus puentes? ¿Alguien allá fuera lloró esas miles de bolsas? ¿Cambiará tu suerte? ¿Suerte? "New Orleans is on fire/ We need help/ Help is on the way/ Oops, governmente didn't request help -dice el blues Spy on Me de The World Saxophone Quartet en Political Blues-/ Oops/ King George, your president, is golfing all the day after the catastrophe…" New Orleans, tu vieja historia, la misma historia. New Orleans, todavía canciones tristes, New Orleans, hablas saxofones.
Gabi
-¡Gabiiii, Gabiiii, Gabiiii! -gritaba insistente el niño por la ventana de la cocina.
-Gabi, Gabi… -ahora agitaba sus brazos, pero ella, un piso más abajo, pretendía estar absorta lavando unos platos.
-Gabi no quiere hablar conmigo -dijo en lamento.
-Pues ya no le hables -dijo su madre.
-Gabiiii, Gabiii…
-Ya, ven para acá, no te quiere hablar.
-Es que no me ve. ¡Gaaaabiiiiiii! -desesperado, los ojos brillosos.
-¿Pero para qué le quieres hablar si ella no quiere hablar contigo?
-Porque cuando la veo siento calientito aquí -se señaló el pecho, suspiró.
-Gabi, Gabi… -ahora agitaba sus brazos, pero ella, un piso más abajo, pretendía estar absorta lavando unos platos.
-Gabi no quiere hablar conmigo -dijo en lamento.
-Pues ya no le hables -dijo su madre.
-Gabiiii, Gabiii…
-Ya, ven para acá, no te quiere hablar.
-Es que no me ve. ¡Gaaaabiiiiiii! -desesperado, los ojos brillosos.
-¿Pero para qué le quieres hablar si ella no quiere hablar contigo?
-Porque cuando la veo siento calientito aquí -se señaló el pecho, suspiró.
miércoles, 16 de mayo de 2007
Espejo
-Había una película de Truffaut, no se cual, todas son iguales, pero bueno, en esta el personaje, el de siempre, este tipo, se pone a hablar en el espejo.
-Ah, sí.
-Y se pone a decir su nombre, o el de la chica, ya no recuerdo.
-Yo tampoco.
-Y dice: "bla, bla, bla, bla, bla", cada vez más fuerte, como un…
-¿Mantra?
-Creo que sí, pero parece que hay una terapia en la que te dices algo al espejo y te lo crees.
-¿En serio? ¿Como qué?
-Pues mira, puedes decirte: "soy muy inteligente, muy inteligente, lo que me proponga hoy lo voy a lograr."
-¿Y funciona?
-Pues mira: "soy muy inteligente, muy muy muy inteligente."
-Eres un tonto.
-Tampoco es que lo crea totalmente, si repito que me voy a hacer rico no es nada seguro que así sea.
-¿Y si te dices que eres un idiota?
-Pues te parecerá idiota pero tú también lo eres.
-Idiota idiota idiota idiota…
-Ay, que tontos somos, míranos, hablándonos al espejo como si no fueramos el mismo.
-Ahora hagamos muecas.
-¿Qué tal esta?
-Ah, sí.
-Y se pone a decir su nombre, o el de la chica, ya no recuerdo.
-Yo tampoco.
-Y dice: "bla, bla, bla, bla, bla", cada vez más fuerte, como un…
-¿Mantra?
-Creo que sí, pero parece que hay una terapia en la que te dices algo al espejo y te lo crees.
-¿En serio? ¿Como qué?
-Pues mira, puedes decirte: "soy muy inteligente, muy inteligente, lo que me proponga hoy lo voy a lograr."
-¿Y funciona?
-Pues mira: "soy muy inteligente, muy muy muy inteligente."
-Eres un tonto.
-Tampoco es que lo crea totalmente, si repito que me voy a hacer rico no es nada seguro que así sea.
-¿Y si te dices que eres un idiota?
-Pues te parecerá idiota pero tú también lo eres.
-Idiota idiota idiota idiota…
-Ay, que tontos somos, míranos, hablándonos al espejo como si no fueramos el mismo.
-Ahora hagamos muecas.
-¿Qué tal esta?
Bocabulario
Es en los ojos, aunque en realidad todo comienza en la boca, palabras y besos. Pero no hay fin en la boca, boquedad sin fondo. Es en los ojos pues se miran las bocas: se vesan; y también escuchan los labios hablarse al oído. Pero sólo en la boca está la biblioteca de las palabras y las letras mudas; y el bocabulario de la lengua, táctiles inscripciones caligrafiadas en la tablilla del cuerpo. La historia estampada en la boca, entre el paladar y la lengua y los labios, compuertas que la sellan o que ofrecen su acervo: escritos en lenguas muertas por labios marchitos, perfectas novelas con bocación redactadas, promesas, contratos. Es en los ojos que por la boca hablan, nombran, respiran, silban, callan, besan, ocultan, tragan, succionan, lamen, murmuran, consumen, aprietan, mastican, exhalan, respiran, cantan, truenan, bostezan, sonríen, ríen, salivan, saben, estallan, muerden, conquistan, sangran, mienten, roncan, sueñan, conocen, vacilan, triunfan, caen, se ahogan, tropiezan, mueren, y viven.
Perdón
-Y de repente se puso de rodillas.
-¿Él?
-No, ella, y le decía: "por favor, por favor, por favor". Lo tenía abrazado por las piernas.
-¿Y él qué hacia?
-Pues qué iba a hacer, a mitad de la plaza, la gente que salía del metro y él miraba para todos lados, intentaba largarse. Y ella se puso a llorar, y seguía: por favor, por favor, por favor. Lo comenzaron a mirar mal.
-Maldito, todos los hombres son…
-Pero luego ella dijo: "perdóname, no lo vuelo a hacer."
-¿Qué había hecho?
-No se, ya iba tarde y me bajé.
-¿Él?
-No, ella, y le decía: "por favor, por favor, por favor". Lo tenía abrazado por las piernas.
-¿Y él qué hacia?
-Pues qué iba a hacer, a mitad de la plaza, la gente que salía del metro y él miraba para todos lados, intentaba largarse. Y ella se puso a llorar, y seguía: por favor, por favor, por favor. Lo comenzaron a mirar mal.
-Maldito, todos los hombres son…
-Pero luego ella dijo: "perdóname, no lo vuelo a hacer."
-¿Qué había hecho?
-No se, ya iba tarde y me bajé.
Escritura automática (3)
Cosas: llavero de perro de peluche, teléfono negro o azul, no se, botella con agua verde a la mitad, un ratón negro con un brillo blanco, mesa rallada, polvo sobre un librero, un cable blanco y otro negro, y un bolso negro, y un portaplanos negro, y un portátil negro y una camiseta negra, un ordenador blanco, ladrillos, un punto naranja, los ojos del perro que miran el suelo, una falda, unos pies que se agitan, dos reglas, una goma, What, Architecture, Root, New, Kas limón, Airis, Yosca, World, Niceday by Guilbert, 190711, Bl-88, Forum, Forum, un pantalón naranja, Hospital Design, cabezas recargadas sobre puños, pulcera plateada, sillas, una goma olvidada sobre una mesa, borradura de goma sobre la mesa, ¿Tienes Kas?, 50cl, TexEdit, Archivo, Edición, Formato, Ventana, Ayuda, 1:21, mié 13:33, Sin título, Estilos, Espaciado, Listas, dos besos, un cuaderno, rayas azules, un piercing, gafas de pasta, alguien mordiendo la regla, Niceday by Guilbert, dos botellas de agua, alguien mordiendo su dedo, alguien subrayando, alguien chupando su dedo, alguien, y otro, y otra sentada, y otra de pie, aretes redondos negros, agita sus manos, una grapa, alguien mordiendo las dos reglas, alguien doblando las dos reglas mientras las muerde, alguien picandose el pecho con un lapiz, alguien mirando, alguien mirándome, alguien dejando de mirarlo, alguien haciendo no con la cabeza, alguien dejando de mirarlo, alguien que no puede dejar de mirarlo, alguien que mejor ya deja de escrib
Escritura automática (2)
Estacas, estacas en un desierto de arena fina y negra negra inmensa, estacas de vez en cuando siempre inclinadas como si fueran a beberse el calor. La despedida fue en el comienzo.
martes, 15 de mayo de 2007
En el suelo
Cada vez más erguidos. El suelo se desvanece. Las rodillas, la cadera, olvidarán su capacidad de estar en cuclillas. Los suelos se alzaron y diferenciaron, se perdió alguna ambigüedad, se está sentado, o acostado, o parado sobre una superficie especializada. No hay necesidad de tapetes con figuras porque ya no hay quien lea sus formas a un metro veinte de distancia, ahora son todos insondables, opacos, o transparentes. Muchos incluso desprecian el suelo, en relación inversa a su precio, mientras otros, al margen, ahí se instalan, sentados, marcándolos con grafiti. Exceso de higiene. Bipedismo. Se anda y se anda de pie. Occidente y el suelo, oriente y el suelo. ¿Por qué no el suelo? Si es como una hoja de papel. (Imagino un piso de papel resistente en el cual se dibujara constantemente, con tinta, con vida, y que se cambiara ritualmente, pasando la hoja, y la hora). Todo esta a la vista, las cosas son como cartas en una mesa, y son más pequeñas, a medida de las manos, los muros son muros, los techos son techos. En el suelo se gana altura. En el suelo las posturas son cómodas, e íntimas, e infinitas. El suelo es como el mundo, es una representación de la tierra. Las cosas están en la tierra, sobre ella, como nosotros. En el suelo las ventanas se abren al cielo, y las puertas se traspasan mirando abajo. Y los ojos tumbados son los ojos del fondo. En él estoy menos solo. En él se está cerca de la muerte, amor que yace debajo. En él se duerme sobre él. Si se llora sobre él brotarán arbustos. Estar en el suelo es estar en el mar, en la nieve, en desierto, superficies y horizontes. Estar ahí es un gesto más intenso y franco: bajar, subir. Estar en él es un sueño, nadar, remar, flotar, gatear, arrastrar, reptar: verbo animal. El suelo es una cobija, un tapete, otra cobija, uno otra cobija, una cobija, el cielo otra cobija. Despertar en el suelo es nacer cada mañana como planta.
lunes, 14 de mayo de 2007
Escritura automática (1)
Ir dormido en una cama elegante de latón sobre una carreta abierta a la noche por en medio de la calle, arrullado por los pasos de tren de unos caballos. Y la música salta montes. Un calor de bolsa de agua en el colchón. Agítanos. Gitanos. Gritarras, trompatas, sexáfonos. Que no debo leer hacia atrás, es escritura automática, no hay borraduras, ni vuelta atrás de las ruedas, las carretas no tienen reversa. Y automáticamente pienso en Ginsberg, y no he visto ninguna mente, ninguna mejor, aún menos a una generación. Pero oí oídos absolutos quedar pegados en los tímpanos helados. De limón. Dulces voces ingenuas de lengua extrema y suelta que calleron entre esposas e hijos. Es un arte de magia despertar lagañas aquí o allá entre gallinas gallos perros tierra polvo y alumbrarse el universo al soplar por una caña de fierro o frotar las cuerdas con colas de caballo, o los arcos de guerra convertirse en un cello y sus flechas hacer el amor (Kim-Ki-Duk). Y ¿cuál es la regla de todo esto, puedo distraerme, detenerme, pensar, hablar en voz baja, aletargar el rítmo (me gusta el acento en la í de reír, de rítmo, de mísmo)? ¿Por qué escribir? Porque es mejor a esta hora que intentar espiar por la ventana de quién es esa maleta con ruedas que suena de vez en cuando... a ver ¿con qué empecé? Con la cama, hamaca... tengo que intentar dormir.
domingo, 13 de mayo de 2007
Blues
¿A qué huele el jazz?
- A pan, a madrugada.
(Alain Derbez)
It's a shame,
Oh, so strange
It's a mystery
(Sista Monica, 'It's a Shame, It's a mystery', People Love the Blues)
Puse la canción a repetirse,
Mil veces como la lavadora,
Un domingo por la mañana,
Mientras fregaba,
¿Y a qué huele el pan?
A tu voz, a azul.
- A pan, a madrugada.
(Alain Derbez)
It's a shame,
Oh, so strange
It's a mystery
(Sista Monica, 'It's a Shame, It's a mystery', People Love the Blues)
Puse la canción a repetirse,
Mil veces como la lavadora,
Un domingo por la mañana,
Mientras fregaba,
¿Y a qué huele el pan?
A tu voz, a azul.
sábado, 12 de mayo de 2007
Historias marroquís (2)
Música
En los Atlas —aquí hizo una pausa nostálgica y orgullosa— su hermana tiene dos camellos. Ah, Chadid. Esas montañas grandes, corpulentas como tú, y así de calladas, a penas caben en Marrakech.
Sobre la vieja alfombra, en esa habitación pequeña y cuadrada, había esa tosca joyería que sabías no venderías desde el momento de bajar de tu bicicleta para decirnos que eras Bereber, etc. El hambre, en cambio, se alivia con tajine.
Entre uno y otro ingrediente, entre una foto y otra, mucho te y alguna palabra. Encendido como las brasas, el radio desparramaba una programación extraña de bossanova, reggae, rai, gnawa y pop. Así de nómada como tus viajes condensados en nombres de ciudades de Marruecos, África del norte y Mali.
Después del aceite de oliva y la cebolla compartimos como un pan el silencio con Bob Marley. Atizabas el fuego y no lograba imaginar en tu narración a Alpha Blondy en esa misma pobre terraza. Meat, carottes, humo.
Sin convicción bostezaste un "español-españa-barça-ronaldinho". De un sobre recién llegado nos mostraste una foto tuya con una italiana sonriente. La miraste varias veces. Nos hiciste copiar tu dirección. Luego nombrábamos los grupos: ONB, Cheb Khaled, Ali Farka Touré... Preguntaste cómo es Europa, cómo es América. Hablamos de familias, de hermanos, amigos, tus cuatro hijos y tus ocho hermanos.
Patates, Ras-el-Hanout, olives. Entramos a otra habitación, más larga. Una manta al fondo, una bicicleta y una vieja antena de televisión del otro lado, todo bajo una cúpula blanca como los muros desnudos. Dijimos muy poco. Se mojaba un trozo de pan en el tajine, se doblaba prendiendo una patata, o una zanahoria, a veces no se atrapaba nada. Disfrutabas sirviendo refresco en los pequeños vasos del te.
En los Atlas —aquí hizo una pausa nostálgica y orgullosa— su hermana tiene dos camellos. Ah, Chadid. Esas montañas grandes, corpulentas como tú, y así de calladas, a penas caben en Marrakech.
Sobre la vieja alfombra, en esa habitación pequeña y cuadrada, había esa tosca joyería que sabías no venderías desde el momento de bajar de tu bicicleta para decirnos que eras Bereber, etc. El hambre, en cambio, se alivia con tajine.
Entre uno y otro ingrediente, entre una foto y otra, mucho te y alguna palabra. Encendido como las brasas, el radio desparramaba una programación extraña de bossanova, reggae, rai, gnawa y pop. Así de nómada como tus viajes condensados en nombres de ciudades de Marruecos, África del norte y Mali.
Después del aceite de oliva y la cebolla compartimos como un pan el silencio con Bob Marley. Atizabas el fuego y no lograba imaginar en tu narración a Alpha Blondy en esa misma pobre terraza. Meat, carottes, humo.
Sin convicción bostezaste un "español-españa-barça-ronaldinho". De un sobre recién llegado nos mostraste una foto tuya con una italiana sonriente. La miraste varias veces. Nos hiciste copiar tu dirección. Luego nombrábamos los grupos: ONB, Cheb Khaled, Ali Farka Touré... Preguntaste cómo es Europa, cómo es América. Hablamos de familias, de hermanos, amigos, tus cuatro hijos y tus ocho hermanos.
Patates, Ras-el-Hanout, olives. Entramos a otra habitación, más larga. Una manta al fondo, una bicicleta y una vieja antena de televisión del otro lado, todo bajo una cúpula blanca como los muros desnudos. Dijimos muy poco. Se mojaba un trozo de pan en el tajine, se doblaba prendiendo una patata, o una zanahoria, a veces no se atrapaba nada. Disfrutabas sirviendo refresco en los pequeños vasos del te.
Ruina
Los ojos propios no han visto,
En la espalda, esas dunas
Crecer en silencio de manos,
Que a ningún labio han quemado,
Ni desecarse los pozos del hombro, el ombligo,
Del mundo desaparecer los caminos.
Incluso el eco cayó,
Extinto como la lengua,
Escrita a húmeda letra,
En el cuerpo una biblioteca,
Dicha de sí mismo diccionario.
En la espalda, esas dunas
Crecer en silencio de manos,
Que a ningún labio han quemado,
Ni desecarse los pozos del hombro, el ombligo,
Del mundo desaparecer los caminos.
Incluso el eco cayó,
Extinto como la lengua,
Escrita a húmeda letra,
En el cuerpo una biblioteca,
Dicha de sí mismo diccionario.
Fácil
Hay días fáciles:
Hoy me comí el sol,
(Enorme pelota minúscula).
Abrí la boca,
Lancé la cabeza,
Bajé la mandíbula,
Subí el labio;
Sobre la lengua,
No quemaba,
Pero ardía,
Como la certeza,
Inexplicable,
De eso,
Que ilumina las mejillas,
Desde dentro.
Hoy me comí el sol,
(Enorme pelota minúscula).
Abrí la boca,
Lancé la cabeza,
Bajé la mandíbula,
Subí el labio;
Sobre la lengua,
No quemaba,
Pero ardía,
Como la certeza,
Inexplicable,
De eso,
Que ilumina las mejillas,
Desde dentro.
miércoles, 9 de mayo de 2007
Girar
Cuando niño, deseó ser así de pequeño para caminar en los discos de vinil.
Rodaba tendido en cualquier pendiente de césped. Recuerda el olor, la humedad, los pantalones verdes y fríos.
Giraba sobre sí mismo con los brazos ya extendidos, ya en el pecho. Sangre en la cabeza. Los oídos. La caída. El polvo. Las manos agrietadas.
En el columpio retorcido estiraba o encogía las piernas. Le temía a ser mordido por las cadenas en su giro.
Daba vueltas sobre su espalda, hacia atrás, hacia adelante. Recuerda el impulso.
Un día, solo en un parque, pensó que podía hacer eso de las olimpiadas. Corrió, se sujetó al tubo metálico, llegó a la posición horizontal... y la inercia lo arrebató. Cayó de espaldas. Rompió la camisa. Se quedó sin aire. Recuerda que pensó en su madre y en la camisa. Cuánto lloró. Recuerda el alivio del llanto.
Rodaba tendido en cualquier pendiente de césped. Recuerda el olor, la humedad, los pantalones verdes y fríos.
Giraba sobre sí mismo con los brazos ya extendidos, ya en el pecho. Sangre en la cabeza. Los oídos. La caída. El polvo. Las manos agrietadas.
En el columpio retorcido estiraba o encogía las piernas. Le temía a ser mordido por las cadenas en su giro.
Daba vueltas sobre su espalda, hacia atrás, hacia adelante. Recuerda el impulso.
Un día, solo en un parque, pensó que podía hacer eso de las olimpiadas. Corrió, se sujetó al tubo metálico, llegó a la posición horizontal... y la inercia lo arrebató. Cayó de espaldas. Rompió la camisa. Se quedó sin aire. Recuerda que pensó en su madre y en la camisa. Cuánto lloró. Recuerda el alivio del llanto.
Historias marroquís (1)
"I got the routine, so drop another nickel
In the machine
I'm feeling so bad, I wish you'd make the music
Dreamy and sad"
(Billie Holiday, 'One for my baby [and one for the road]')
Círculos
Las miradas se acodan en esa especie de tambor metálico cóncavo en el suelo de Djema-el-Fna que nos ha distribuido concéntricamente. Entre ese foco y nosotros, de pie, un espacio sagrado lleno de noche, y tangencialmente los músicos, sentados. Todos menos el violinista y el intercesor, que todo gesto y palabra señala a los músicos, resigue el círculo negro, apunta al tambor, nos estira la palma de la mano, regresa al tambor. Los músicos no miran nada por sobre la luz de la lámpara de gas a sus pies.
¡Clin, clin! Las monedas golpean al tambor. El intercesor apunta negativamente a ellas y a los músicos, estira una vez más la mano, repetidamente, dice algo, en un rito infinito. Él sostiene el violín sobre su pierna, apoyada en un banquito de plástico, viste un opaco traje con chaleco, sus rizos flotan, su rostro es duro, mira fijamente por sobre todo, de vez en vez hace un pizzicato, o una frase pentáfona, para sí mismo. Los demás aguardan con sus instrumentos.
¡Clic! Un raro turista dispara, lo miran, intenta huir. ¡Dos dirhams! Una vergüenza parece decir el intercesor mostrándolos con el brazo en alto. Clin, clin, hacen en el tambor. Uno con un gorro de piel agita un billete, la escena se repite: billete en alto. Pero ahora, recoge las monedas y las guarda.
¡Tacata, tacata, tacatacata! El intercesor zapatea sobre el tambor como si rompiera el mundo. Los músicos mueven las manos. Tratratra, tratratra. Un ayudante toma dos cables blancos de alumbrado y los enchufa a una batería de auto conectada a un amplificador. Entonces termina de erguirse el violinista, cierra los ojos, los abre en blanco, o en negro, y su brazo va de un lado a otro, toca, toca, toca el cielo de tizna gris que huele a carne, a polvo, a grasa.
In the machine
I'm feeling so bad, I wish you'd make the music
Dreamy and sad"
(Billie Holiday, 'One for my baby [and one for the road]')
Círculos
Las miradas se acodan en esa especie de tambor metálico cóncavo en el suelo de Djema-el-Fna que nos ha distribuido concéntricamente. Entre ese foco y nosotros, de pie, un espacio sagrado lleno de noche, y tangencialmente los músicos, sentados. Todos menos el violinista y el intercesor, que todo gesto y palabra señala a los músicos, resigue el círculo negro, apunta al tambor, nos estira la palma de la mano, regresa al tambor. Los músicos no miran nada por sobre la luz de la lámpara de gas a sus pies.
¡Clin, clin! Las monedas golpean al tambor. El intercesor apunta negativamente a ellas y a los músicos, estira una vez más la mano, repetidamente, dice algo, en un rito infinito. Él sostiene el violín sobre su pierna, apoyada en un banquito de plástico, viste un opaco traje con chaleco, sus rizos flotan, su rostro es duro, mira fijamente por sobre todo, de vez en vez hace un pizzicato, o una frase pentáfona, para sí mismo. Los demás aguardan con sus instrumentos.
¡Clic! Un raro turista dispara, lo miran, intenta huir. ¡Dos dirhams! Una vergüenza parece decir el intercesor mostrándolos con el brazo en alto. Clin, clin, hacen en el tambor. Uno con un gorro de piel agita un billete, la escena se repite: billete en alto. Pero ahora, recoge las monedas y las guarda.
¡Tacata, tacata, tacatacata! El intercesor zapatea sobre el tambor como si rompiera el mundo. Los músicos mueven las manos. Tratratra, tratratra. Un ayudante toma dos cables blancos de alumbrado y los enchufa a una batería de auto conectada a un amplificador. Entonces termina de erguirse el violinista, cierra los ojos, los abre en blanco, o en negro, y su brazo va de un lado a otro, toca, toca, toca el cielo de tizna gris que huele a carne, a polvo, a grasa.
miércoles, 2 de mayo de 2007
Tortosa, Catalunya.
martes, 1 de mayo de 2007
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