sábado, 17 de febrero de 2007

Auscultar (1)

(Notas sueltas sobre la exposición de Janet Cardiff y George Bures Miller: The Killing Machine y otras historias, MACBA)

El aire es un fluido gaseoso de una composición particular de moléculas sustentante de la vida. La vibración ondular del aire es el sonido, inexistente ante la ausencia del fluido: el vacío.

Una instalación aislada en Harvard, la cámara anecóica, impide la reverberación, el eco. Solo ahí dentro, John Cage -con su aire- escucha finamente. Distingue dos frecuencias, se dice, una aguda y una grave: su sistema nervioso fluyendo y su sangre circulando. ¿Escuchó John Cage la Vida?

Varios medios transmiten la vibración. Se hará sonora al propagarse en el aire. Un estetoscopio es un oído. Una membrana o en el lado opuesto un sólido metal; las ondas se transmiten por una trompa de plástico. El instrumento se coloca -generalmente en su estado más frío- sobre la piel cercana al esternón, o en la espalda, los auriculares en que culmina el conducto se insertan en los oídos del escucha, que atento, espera reconocer un aliento. Auscultar, se dice de esto.

Los teléfonos móviles avisan de un evento, básicamente, de dos maneras: vibrando o sonando. También reproducen sonidos. Son una especie de estetoscopios a los que se podría consultar nuestra vida social.

La sola radical complicidad entre el aire y nosotros implica la imposibilidad del silencio. El vacío es muerte. En un último suspiro nos vaciamos definitivamente.

(Algunos radicales amantes incluso buscan la profunda esencia vital en un juego de orgasmos anaerobios- y a veces uno de ellos, o ambos, ganan irremediablemente).


En toda película en cuyo guión se abandone la atmósfera, en una secuencia exterior a la nave, se intenta reproducir el silencio del vacío. Pura ciencia ficción.


La deformación caracteriza a un fluido. Nos arropa, la desplazamos, continuamente, atmósfera. Habitamos con sonancias.


¡Ausculta, ausculta!

jueves, 15 de febrero de 2007

Haiku 7

Mercado del Borne
Gruas giran como el sol

Por su muda piel.

sábado, 10 de febrero de 2007

Lagrimal

Las brutas miradas de una pareja se desperdigan ofensivas en los pliegues de la mujer obesa sentada frente a ellos. Ella, sola, joven, la cabeza gacha, enfoca el tiempo en sus manos extendidas sobre los muslos, como distraída. Rocafort, Urgell, Universitat, Catalunya... y luego ese súbito sollozo. Ellos se levantan en gesto indignado, van al fondo. Ella ve temblorosa e impotente cómo los dolorosos años riegan su maquillaje y se escurren por su vestido nuevo. Y el vagón es esta lluviosa noche salada un enorme lagrimal. Y un chico se acerca y le tiende en silencio un pañuelo.

jueves, 8 de febrero de 2007

Estéreo

Estéreo: sólido. Como sólida es la piedra. Alguien, muy ayer, soñó la reproducción del espacio en el que se producen los sonidos. Así, por analogía con la estereoscopía, se dice, surgió la palabra estereofonía.

Sólido: firme, macizo, denso, fuerte, constancia formal y volumétrica. Estereoscopía, estereofonía, estereotomía... a finales del siglo XIX la virtualidad no temía aún destacar lo sólido.

Para reproducirlo, el espacio se materializó en imágenes yuxtapuestas. Dos de ellas producían, al mirar a través de una lente, al centro de la visión, una sola y mágica impresión de espacio. Estereoscopía.

Así con el sonido. Dos cajas de sonido, en condiciones dadas, a una determinada separación producirán espacio sonoro. Estereofonía.

Concierto de Steve Coleman and Five Elements en L'Auditori. Al extremo izquierdo y hacia el frente, la batería; en línea recta, de izquierda a derecha, la voz, el sax alto, la trompeta, y el trombón; al extremo derecho, y hacia el frente otra batería. Estereofonía.

Estéreo. ¿Quién pensó la música sólida?¿Quién comparó -acaso Octavio Paz- la construcción de la música con la arquitectura? Estereotomía musical -¿en las partituras? ¿Catedral gótica en Re menor para piano?

Estéreo. El espacio es distancia. Piedra. Sobre esa sólida piedra se alzan los sonidos proyectados, ahí tiene su lugar la música. En medio. Medio.

En medio. Proyectar. En medio el instrumento, en medio el aire, en medio la sala, en medio la música. En medio Steve Coleman soplando destellos sobre los graníticos bloques que tallan incesantes las cuerdas del bajo, en medio de los crujientes trozos de cobre que vuelan desde el plato, de las frenéticas gruesas líneas rojas que avienta el bombo, en medio del fino oleaje cromático de la delgada soprano, la ronca trompeta y el negro trombón.

Concurrencia. La música ocurre al acudir. A su sitio, ese hogar al centro cuyo fuego es atizado por voces, metales y cueros.

Estereofonía es la construcción (con distancia) de la distancia. Solidificación del sitio de la música con la mágica piedra electrónica.

"Esto ya lo toqué mañana" grita Johnny, El perseguidor de Cortázar. Intuiciones, gestos, predicciones, premoniciones. ¿Acaso se puede solidificarlos?

Vibraciones. Las ondulaciones recorren distancia. A la música se asiste. Así, ondulando, vibrando. Con nuestro total instrumento, barco que fluye en flotación sonora sobre los hertzios.

Entonces se desborda el estéreo. En la barandilla. Incapaz de decir el bostezo del baterista, de anticipar en la mirada perdida la próxima ráfaga estruendosa, el colectivo sobresalto en un tambor, los colores del rito, el olor de astillero, la gran ola a la que subió surfeando la trompeta, el eterno martirio del bajista contando tiempos, el alma plena palpitar rebosante de algunos cuerpos...

martes, 6 de febrero de 2007

Espejo

Dentro del marco,
Solo e invisible,
Muere el espejo.

Solo

En el herido doblez de alguna calle descubrí al inasible espejo mirando cómo mi mano derecha se acomodaba perfectamente -en él, por primera vez- en mi idéntica mano izquierda.

Dolor

Marchito arbusto arraigado a la yerma piel, espinosa flor en la costilla, enredadera entre las venas de las manos.
Parásito en mí extraviado. Dolor.
Si te nombro tal vez callarás las horas, puertas serán los espejos, y dormiré.
O astillarás el sueño, me golpearán los segundos, solo reflejo seré.

domingo, 4 de febrero de 2007

Gargallo (y 3)

III. Un pie. Materia representativa. Vida

La figura esculpida caminando.
El pie.
¡Hermosa complicidad de la materia!
El pie: una lámina de hierro, que se dobla, estirándose.
El pie: piel, músculos y sangre, estirándose.

Músculos que son músculos, tensiones que son tensiones.

¡Hermosas complicidades!
Actuan en la representación del drama los electrones,
el hierro, su química y su física,
la idea, los instrumentos,
el fuego, la fuerza, la forma,
los ojos, el tiempo, y la mirada.
Vivos los pies, vida, aquí, en Pablo Gargallo, como allá, en bronce, en mármol, en Camille Claudel.

Complicidad

En La Central, al tirar de un libro de poesía descubrió esa nota amarilla agarrada de la portada: "Hoy, a las siete". Reacomodó el volumen con cuidado.

jueves, 1 de febrero de 2007

Arc de Triomf

Henchido de silencio el asfalto brilla,
Majestuosa sábana en la que caen los destellos,

De amplias fachadas marchitas en el sol de febrero.
Qué tristes los maniquíes en su encierro,
De vitrinas arrumbadas a ningún recuerdo,
Lánguidos sus cuerpos, sus miradas,
Viéndome pasar, en sus ridículos colores.