Los ojos propios no han visto,
En la espalda, esas dunas
Crecer en silencio de manos,
Que a ningún labio han quemado,
Ni desecarse los pozos del hombro, el ombligo,
Del mundo desaparecer los caminos.
Incluso el eco cayó,
Extinto como la lengua,
Escrita a húmeda letra,
En el cuerpo una biblioteca,
Dicha de sí mismo diccionario.
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