-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.
-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.
-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.
("Diles que no me maten", Juan Rulfo)
-¡Le estoy ordenando que toque, viejo!
-Se acabó la música...
("El violín", Francisco Vargas, 2006)
El violín.
Sobre la milpa el maíz, debajo, en la tierra, el parque, y el violín.
Maíz/raíz que alimenta el violín y la bala en la tierra que alimentan el maíz.
Los que nada tienen tienen apenas nada: ni su cuerpo, ni su sexo, ni su tierra, ni su luna, ni su fuego, ni el campo de batalla.
Los que nada tienen aspirarán a música, durando ahora duramente en la nada.
Y luego se acabará la música.
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Araceli Damian (investigadora de El Colegio de México), en el periódico El Financiero, como de hace un mes escribió una excelente reflexión motivada por la película El Violín.
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