-¡Gabiiii, Gabiiii, Gabiiii! -gritaba insistente el niño por la ventana de la cocina.
-Gabi, Gabi… -ahora agitaba sus brazos, pero ella, un piso más abajo, pretendía estar absorta lavando unos platos.
-Gabi no quiere hablar conmigo -dijo en lamento.
-Pues ya no le hables -dijo su madre.
-Gabiiii, Gabiii…
-Ya, ven para acá, no te quiere hablar.
-Es que no me ve. ¡Gaaaabiiiiiii! -desesperado, los ojos brillosos.
-¿Pero para qué le quieres hablar si ella no quiere hablar contigo?
-Porque cuando la veo siento calientito aquí -se señaló el pecho, suspiró.
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