martes, 15 de mayo de 2007

En el suelo

Cada vez más erguidos. El suelo se desvanece. Las rodillas, la cadera, olvidarán su capacidad de estar en cuclillas. Los suelos se alzaron y diferenciaron, se perdió alguna ambigüedad, se está sentado, o acostado, o parado sobre una superficie especializada. No hay necesidad de tapetes con figuras porque ya no hay quien lea sus formas a un metro veinte de distancia, ahora son todos insondables, opacos, o transparentes. Muchos incluso desprecian el suelo, en relación inversa a su precio, mientras otros, al margen, ahí se instalan, sentados, marcándolos con grafiti. Exceso de higiene. Bipedismo. Se anda y se anda de pie. Occidente y el suelo, oriente y el suelo. ¿Por qué no el suelo? Si es como una hoja de papel. (Imagino un piso de papel resistente en el cual se dibujara constantemente, con tinta, con vida, y que se cambiara ritualmente, pasando la hoja, y la hora). Todo esta a la vista, las cosas son como cartas en una mesa, y son más pequeñas, a medida de las manos, los muros son muros, los techos son techos. En el suelo se gana altura. En el suelo las posturas son cómodas, e íntimas, e infinitas. El suelo es como el mundo, es una representación de la tierra. Las cosas están en la tierra, sobre ella, como nosotros. En el suelo las ventanas se abren al cielo, y las puertas se traspasan mirando abajo. Y los ojos tumbados son los ojos del fondo. En él estoy menos solo. En él se está cerca de la muerte, amor que yace debajo. En él se duerme sobre él. Si se llora sobre él brotarán arbustos. Estar en el suelo es estar en el mar, en la nieve, en desierto, superficies y horizontes. Estar ahí es un gesto más intenso y franco: bajar, subir. Estar en él es un sueño, nadar, remar, flotar, gatear, arrastrar, reptar: verbo animal. El suelo es una cobija, un tapete, otra cobija, uno otra cobija, una cobija, el cielo otra cobija. Despertar en el suelo es nacer cada mañana como planta.

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