miércoles, 4 de abril de 2007

Borrar

La facilidad del borrado es un problema. Por ejemplo, La facilidad del borrado es un problema está escrito sobre tres líneas anteriores ya inexistentes. La primera comenzaba con Vacío, la segunda con Volcar, la tercera con El borrar.

En el papel permanecen todas las palabras escritas. Se las puede extender sobre una mesa, cortar, pegar, tachar, raramente borrar (es curioso entonces referirse a un esbozo como borrador). Los papeles se pueden conservar, apilar, encuadernar. Así, ahora habría tal vez cuatro frases iniciales en vez de una, incluso podrían existir en cada frase otra sinónima, o antónima.

En cambio, el espacio de escritura numérico actual es realmente un borrador. Se mantiene en él sólo una versión a la vez. Por algo, la tecla Delete es grande, está a la derecha y borra hacia la izquierda, en contra del sentido del flujo de la escritura [¿cómo se borra en árabe?].

La edición en el papel consistía en escribir signos, rayas. En el ordenador se edita, rápido y continuo, al borrar.

Se hablará, por supuesto, de la impresión y de las máquinas de escribir. En el primer caso, se repite la lógica numérica en el procesador de palabras, se imprime, se corrige con la lógica del papel y se edita con la lógica previa. Esto se realiza cada vez menos por el embrollo en buscar las palabras en dos soportes o espacios diferentes. En el segundo, el trabajo de papel es contundente, se borra difícilmente, es más sencillo arrastrar la hoja y lanzarla al piso.

No concluiré nada sobre la eficacia y la eficiencia. Al final olvidé definitivamente las tres posibilidades de entrada para el blog —esto elimina bits del ciberespacio—, haré pocas modificaciones después de su publicación, estiré el pequeño dedo derecho un centenar de veces, y he imaginado un procesador de texto en el que se pueda escribir entre las líneas con la posibilidad de arrastrar esas palabras hacia ellas con suma facilidad (por favor amigos de Linux)...

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