lunes, 2 de abril de 2007
Barquitectura
Es que vas al MACBA, por ejemplo, y qué ves... ¡nunca un plano! ¿No? Entonces, ¿qué es la arquitectura? ¿Puedes aislar así de fácil esa cosa de donde está? ¡No! Lo haces siempre muy sofisticadamente. Y claro, estamos hablando de Richard Meier, pero mira ese edificio de ahí, nadie sabe quién lo hizo ni cuándo ni por qué, es más, a penas sabes que es un edificio, y dónde comienza y dónde termina. Te podrías pasar a la manzana como unidad de estudio. Y de nuevo, dónde comienza y dónde termina. Y ahí es donde vive la gente. ¿Ya viste a ese enano? Increíble... mira, tiene una pistola de juguete al cinturón. Jajaja. Increíble. Cómo se pasea mostrando la pistola. Este bar está increíble. Esos de allá, mira, mira... y deben mirarnos también raros a nosotros. Jajaja. Increíble. Y entonces, toda esta gente vive ahí, te digo. Sí, también el enano vive ahí. Claro. Todos. Pero no viven en Planolandia, el cuento ese que no recuerdo quién escribió. ¿Otra caña? La arquitectura no se somete a esta o a esta idea. Se escapa siempre por todos lados, como la espuma de la cerveza. Aunque luego hay la arquitectura con a mayúscula. Pon al Pabellón de Mies. Ahí, enmarcado, solo, bien definido. El pabellón es arte. ¿No? ¿Qué tal estos, de cuero hasta la cabeza? Pero ellos sí tienen chicas, sí, cierto. Jajaja. El pabellón aparece como una pintura, ahí, bonito, con su marco, todo cuidado. Pero el resto, mmmm. Ah, recuerdo unos cuentos sobre un enano, pero ese tenía carisma, aunque este también llama la atención. Total que el enano ese era muy inteligente, no se cómo se llamaba, ah sí, Carmesí, de un tal Roura esos cuentos, y tenía mucho éxito con las mujeres, el enano. Y entonces, ¿qué estudiamos? Te puedes concentrar tanto en un arquitecto, saber hasta sus amantes, y luego qué... ¿qué acabas explicando? Ya no lo se tampoco. Luego piensas en los mil secientos millones, ¡mil sei-cien-tos mi-llo-nes de chinos! Pffff. Increíble. ¿Y qué, dónde viven ellos? ¿¡En pabellones!? No, ¿no? ¿Eso qué es, urbanismo, arquitectura, ecología? Se disuelve, se disuelve todo. Sí, tienes los edificios singulares, ahí, pero incluso esos luego son así. Nunca los ves como en los planos. Siempre desde la calle, en ángulo, con árboles y coches enfrente. ¿A cuántos entras? ¿Al final son fachadas o qué? Y si entras lo que ves es casi nada. ¿Y cuánta gente entra ahí además? Bueno, luego son como templos, toda una religión, el peregrinaje, la devoción y todo eso, hasta rezos debe haber, San LeCorbusier dáme inspiración, Fray Lloyd Wright bendito seas... Jajaja. Viene gente de toda aquí, increíble. ¿A qué hora cierra el metro hoy? ¡Ya cerró! Caminaremos entonces, ni modo. Pero entonces, estos millones, miles de millones, de casas. ¿Qué, esas qué? O vuelve a pensar en la arquitectura con mayúscula. Puedes llegar a tal detalle que se escapa todo tal vez, a un nivel de detalle que nunca existió. Haces tu arquitectura perfecta en el libro, todo justificado, todo razonado, todo explicado... ¿Pero quién lo entiende fuera de tí? Es como este humo de aquí, volando por todas partes, todos fuman, sí. ¿Qué es el humo? Le puedes ver mil cosas, lo puedes ver como una nube, como un dragón, o qué se yo, y decir que es por tal y tal cosa y de pronto resulta que ya no está así. Es que es tan inacabable la arquitectura. Sí, sí. Terminamos esta caña y nos vamos. Ya es tarde, sí, uy. ¿Listo? Bien. Jajaja. El enano... tal vez hoy había una fiesta de disfraces... jajaja...
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