8 de marzo.
Ferrocarril. Férreo carril en la oscuridad de la mina: el metro. Una ejemplar y exitosa arquitectura disciplinaria: ¡siéntate acá, de pie aquí, avanza, sólo puedes mirar allá, esto es sólo y sólo un metro!
Y de pronto, a media tarde, en la esquina de un vagón, una joven voz soprano en súbito crescendo. El rostro de la voz casi rozando el techo. Sus ojos resiguiendo un manifiesto, su voz hablándolo más fuerte.
Todos los ojos en diagonal mirándola, algunos intentando escuchar, esquivando los tubos, torciendo los cuerpos.
Alzándose, ella, sobre un asiento, cabello corto, fuego en los ojos. Entre los graznidos metálicos y los murmullos se le oyó decir Rosa Luxemburgo, y trabajadoras, y explotación, e incendio, y lucha, e igualdad, y derechos. Y en el vagón, en uno de sus respiros, estallaron aplausos.
Ferrocarril. Férreo carril en la oscuridad de la mina: el metro. Una ejemplar y exitosa arquitectura disciplinaria: ¡siéntate acá, de pie aquí, avanza, sólo puedes mirar allá, esto es sólo y sólo un metro!
Y de pronto, a media tarde, en la esquina de un vagón, una joven voz soprano en súbito crescendo. El rostro de la voz casi rozando el techo. Sus ojos resiguiendo un manifiesto, su voz hablándolo más fuerte.
Todos los ojos en diagonal mirándola, algunos intentando escuchar, esquivando los tubos, torciendo los cuerpos.
Alzándose, ella, sobre un asiento, cabello corto, fuego en los ojos. Entre los graznidos metálicos y los murmullos se le oyó decir Rosa Luxemburgo, y trabajadoras, y explotación, e incendio, y lucha, e igualdad, y derechos. Y en el vagón, en uno de sus respiros, estallaron aplausos.
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