martes, 30 de enero de 2007

¡No!

2 comentarios:

  1. Adquirió peso la noche.
    Las horas se sucedían lentas y se oían ruidos nunca escuchados.

    Mis ojos no dormían.

    Los pensamientos, ocupaban agresivos el espacio de consciencia que el insomnio les dejaba. Vencida, asistía impasible al espectáculo desbocado de sucesos que luchaban por presidir el momento de la razón y la incertidumbre.

    Miedo al acto de crear. Al crear mismo. A la cínica indecisión.

    Y finalmente, podemos asumir que sólo nos queda el cuerpo? Él, con su materialidad efímera, sus pliegues, su olor. Parcela tangible de realidad a la que uno acude compungido para arrojarse a las pequeñas muertes, tantas veces teñidas de aquella vergonzosa soledad.

    Cuerpo.
    Ser.

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