sábado, 13 de enero de 2007

Insomnio

La cortina cierra la ventana de la habitación y la luz de la calle la atraviesa como a un párpado el sol del atardecer. En el oído late puntual el bajo brrrmmm del metro, adornado por agudos zumbidos de unas motos. Viene luego la oleada de semáforo a semáforo. El rugido del autobus. Voces alegres despidiéndose. Flamenco a tope con efecto doppler. El ti-ti-ti polifónico de cláxones después de un partido de futbol. Luego un silencio lleno de polvo. El agua corriendo por un grifo. Pasos sobre la madera. Un agudo chillido como de ratón al frenar un coche. Un enjambre de motos. No se escuchan las bicis. Más tititi, tititi. Un rumor como ronquido de gato. Risas. Que alguien prohíba las motos. Al fin silencio. Otro autobús. Tititi en todo el espectro sonoro y a cien decibeles. Tí-ti/ti-ti-tí/ti-ti-ti-tí/tí-ti. No se puede decir que no hay personas generosas en la ciudad...

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