viernes, 29 de diciembre de 2006

Telaraña (1)

En el sueño, la cama flotaba, perfectamente alineados los extremos de sus patas con el arranque del centro de la ventana de la habitación. El grosor del colchón correspondía a cinco veces la anchura de la distancia entre la cama y la pared. El giro de mi cuerpo obedecía a un trazo proveniente de una hora del reloj de la torre que está cruzando la calle hasta pasar por el cruce de unos muros en la escalera estrecha de mi edificio. Y así... miles y miles de líneas azules, de láser, cruzaban la habitación en todas las direcciones de mi universo, ligándolas infinitamente: recuerdos y deseos, sosteniendo, como un tejido de coordenadas, la cama, y ésta, mi sueño.

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